jueves, 12 de enero de 2017

¿Quién debe vivir y quién morir?

Durante el siglo XX el internamiento de civiles por parte de los distintos estados se fue haciendo cada vez más frecuente, y alcanzó su clímax antes y durante la Segunda Guerra Mundial con los Campos de concentración nazis (1933-1945). 

Se crearon campos de concentración, de trabajo y de exterminio con el fin de mantener presos y exterminar a judíos, homosexuales, esclavos, discapacitados y demás colectivos calificados como inferiores por el ideario nazi. 



Tuve la buena o mala suerte depende desde que punto de vista lo miremos, de conocer uno de ellos el de Stutthof en Polonia, situado a 35km de Gdansk. 

Fue el primer campo de concentración nazi construido por el régimen nazi, fuera de Alemania, construido para alojar a los primeros 150 prisioneros judíos detenidos en Danzig posteriormente a civiles y resistentes polacos y a partir de 1941 también alojó a mujeres.




Las instalaciones primarias de Stutthof comprendían 8 barracones para alojar a unos 3.500 prisioneros y un edificio enorme para los guardias y personal del campo pero con las ampliaciones de los subcampos y las previstas llegadas de prisioneros para esclavizarlos, desde 1942 se construyeron otros 30 barracones que darían cabida a más de 57.000 prisioneros a la vez dentro de sus 120 hectáreas de extensión.

En Stutthof no solamente se moría por el trabajo forzado, en 1943 se construyó una cámara de gas de reducidas dimensiones así como un crematorio para eliminar los cadáveres de las víctimas que eran asesinadas bien por el gas bien por los experimentos médicos de los doctores asignados al campo. 


En 1944, Stutthof pasa a convertirse en campo de exterminio aunque de bajo rango por su única y pequeña cámara de gas aunque entre Junio y Diciembre de este mismo año fueron asesinados por este método unos 1.000 prisioneros.

Por Stutthof pasaron en total unos 115.000 prisioneros de todas las edades, sexos y nacionalidades, cuando el campo fue evacuado solamente estaban con vida menos 50.000 de ellos y en el momento de la liberación las tropas rusas encontraron apenas un centenar con vida.


Una de las mujeres valientes que sobrevivió a esta dura realidad fue Ana Vinocur, la cual hizo un testimonio sobre su vivencia en el campo. 

En mi opinión visitar un campo de concentración es algo que por muy duro que sea hay que hacerlo para darnos cuenta de la cruda realidad, de la condiciones de vida que tenían estas personas. 

Para mi fue muy duro, pero esta experiencia te hace valorar la vida, la libertad y sobre todo a tus seres queridos. 

Hay que recordarlo para que no vuelva a suceder. 

Aroa

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